Dolores intermitentes
¿Puedes ver a través de mi pecho?
Ha quedado un hueco tras la aventura sombría, nocturna,
he sido testigo y confidente de la angustia que se ha vuelto amiga mía.
Fui traspasado por los afectos, las reminiscencias,
mis ilusiones, y un dolor que taladró mi alma.
Y odié la noche durante mucho tiempo,
la odié casi por un instante: la mitad de su vida,
la mitad de su muerte. Y la soñé durante mucho tiempo,
casi por un instante: desde el amanecer hasta el ocaso.
El amor estaba abandonado, abandonado al delirio;
y devino músico, poeta y loco, como dice la gente,
caminaba por colinas inorgánicas, en una arteria clandestina,
su combustible se había secado por el cansancio.
Comimos en una mesa rota con platos atemporales,
los despreciados desperdicios, deshechos eran arrojados a los perros
que esperaban ansiosos por una oportunidad:
Era una venganza extraviada en cemento fresco.

