¿Cuál es mi lugar?
Despierto y los animales cantan, lloran, gritan y se lamentan.
Algunos más confunden la luna con el alba y están más alegres que nunca.
Los perros dan serenata al conejo que observa desde arriba, inmóvil, con mirada eterna;
los gallos suplican a la luna que se acerque a besarlos.
Los gatos van de barda en barda amándose mientras ella,
blanca,
envuelta entre mantos luminosos sólo escucha, cuestiona,
sonríe y se marcha dejándolos sin beso de despedida.
Los gatos también se van fingiendo el encuentro.
La gata lanza un grito y el gato se aleja,
ella lo llama y él ya no es más suyo…
no lo ha sido nunca.
Los humanos no saben de amores como los animales.
Los primeros duermen como si fuera de noche… no saben que el amanecer ha llegado cuando la luz se marcha.
Este es el verdadero día: cuando los animales salen a amar.
El búho siempre en vigilia cuida que los sueños de los humanos no se evaporen en la llaga de la desesperanza.
Las montañas cumplen con su encomienda como si Dios mismo les ordenara. Ellos cuidan que el cielo no caiga sobre su cabeza y los disuelva en la tiniebla, condenándoles a buscar la luz eternamente.
¡pobres hombres!
No saben lo que sucede cuando se olvidan de la noche.
La traen pegadiza y por eso se les resbala.
¡Pobres de las mujeres que dicen dormir!
Su sueño es arrojadizo y se les escapa
y se les escurre por los ojos.
¿Dónde quedo yo, entonces?
Lo que me queda claro es que no soy quien canta ni quien duerme.
Yo sólo escucho lo que me dicen los grillos en secreto.
Yo sólo veo al mundo dormir.
Siento que los sueños rodean mi cabeza
y escribo mientras me arrullan
y me tocan
y me abrazan…

