Cántico del ambulante
Sería bueno caminar dos o tres veces por semana
sobre ciertos senderos.
La orilla del viento, por ejemplo, nos permite llegar más pronto
a las tibias aguas del primer deseo;
la rectísima rama de un ciruelo imaginario
produce en lo inmediato
un sabor agridulce entre los huesos.
Se sabe (uno al menos me lo ha dicho)
que transitar por la estela de una sombra
nos desliza por dentro algunas risas…
Sería bueno caminar —tan sólo caminar— sobre un hilo de agua,
la lengua de un gato,
la línea cómicamente tendida de una mirada distraída,
dos o tres veces por semana,
a fin de no quedarnos presos
en la triste lucidez de cada día.

