Memorias de una adicción
Aún, mi vida…
No creo que la libertad libere, quizás ser libres es lo peor que nos pueda haber pasado, y es que me condena a pensar, a decir, a escribir eso que los esclavos de su muerte compulsiva gozan, y yo, en cambio, padezco mi escisión (mi extinción), mi padecer.
Ensayar, ensañar, a-cerca de la libertad, del ser libre, me recuerda algo: no sé qué es eso, o más bien, ya no quiero saber de ello… Ya no puedo sostener el deseo de vivir sin la posibilidad de aventurarme una vez más al sacrificio sacramental (a la entrega incondicional), de alienarme, de poner mi vida en las manos de la vida que no es mía.Yo aún me visto para ella, aún existo para ella, aún deseo su vida y muerte quejumbrosas, aún vive y muere en mí. La sombra del pasado ha vuelto, nunca dejó de operar en su interior, me carcome, oxida y congela, el silencio abrupto que antes fuera una gran sinfonía asincrónica y sinsentido: Ese malestar de sentirla no-mía.

