Se apagó el ventilador

Narrativa

Te escucho dormir cuando la luz del alba apenas asoma. He pasado la noche a tu lado tratando de no perder ni un solo instante. Observé tus manos cambiar de posición, creo que fue en cuatro ocasiones. Tu semblante sereno, tus ojos que, de cuando en cuando, se entreabrían, como si quisieran buscarme. O eso quise creer. Tu breve ronquido, justo antes de girarte hacia la pared; todo en grácil armonía. La tenue luz de la vela le daba un tono dramático a tu piel. Desde la ventana, el viento fresco en aquel tercer piso me saca un poco del sopor. Son las tantas de la madrugada en esta simbólica ciudad en que, a pesar de la hora, hay algún que otro murmullo. Tu cuerpo desprovisto de toda lisonja se torna rojizo a la luz de la vela. Debo bajar los tres pisos por las escaleras y doy un paseo por el campo que rodea el edificio. Mis pies rozan el rocío. La sensación es muy placentera. Quiero quedarme con esa imagen y la sensación que da el aire fresco sevillano. Justo hoy, en la ausencia se puede observar mejor el firmamento. Mientras contemplo el cinturón de Orión me viene el recuerdo de nuestra conversación de anoche. Después de la cena y de despedirnos de los amigos tuvimos una velada muy extraña. Tomamos la última copa de vino y te quedaste callada durante un buen rato. Pensé que debías estar agotada después de ofrecer ese magnífico recital en el teatro. Fui a la ducha y cuando volví a la habitación tenías la maleta hecha. Hay momentos que se entienden sin necesidad de palabras. Tu semblante me decía todo lo que, con la mejor intención, es mejor callar. Por primera vez supe que una decisión difícil es mejor tomarla del cuello, en silencio, tirar pa’lante y no detenerse a juntar trozos de memorias ni residuos de una vida que, hace mucho, dejó de ser. Hacía menos de una hora que yacíamos como aquella vez, después de que vencimos la tensión y nos decidimos a hacerlo por primera vez en el vestidor del teatro, en Burgos, en el intermedio. Ninguno de los dos terminó. Detonó en una postrera promesa de continuar. Acuñamos la frase “besos intermedios” y con ella, nos veríamos de nuevo sin importar la hora, si habría cena o vino. Lo único indispensable era tu cuerpo, tu voz, mi breve pero efectivo abrazo, un masaje en el cuello y la noche era nuestra; tuya con la melodía del éxtasis, mía en la fuerza de mi regazo. Fuimos noche, nos pertenecía cada minuto, cada gemido y cada silencio. El lienzo necrogriso nos servía de partitura y allí escribimos nuestra historia. Aquí, en contemplación de la puerta del universo, evoco cada día a tu lado. Desde aquí se observa tu ventana. Tan cercana estás y tan fría.

Mi memoria viaja hacia esta noche. Al día exacto de la ruptura, al jueves que me arrancaste. Tan serena estabas tumbada con la sábana azul cubriéndote apenas mientras clavabas tu mirada en las vigas con tu silencio igualmente hermoso como tu voz. Hubiera jurado que con un poco de menos vino, escucharía con armónica melodía tus pensares. No sé cuánto tiempo estuviste así. Yo no sé por cuánto tiempo, mientras te contemplaba, repasé cada caricia que nos dimos antes de despojarnos de la ropa. Los besos, las sonrisas entre mordiscos. Nos amamos tanto esta noche, mucho más que lo que tantas noches cuando te imaginaba. Todo eso evocaba cuando al fin me dirigiste tu aceitunada mirada y me dijiste que lo dejáramos. Mi silencio estupefacto te empujó a decirme con total elocuencia el porqué debíamos finiquitar lo nuestro. No me reñiste, no te enfadaste. La calma con la que hablaste era similar a cuando me contabas tu rutina, los ensayos, las canciones. Tu voz nunca abandonó su belleza a pesar de que con ella me estabas rematando. Por más que el ventilador de techo giraba, el aire no me llegaba. Quise inventar la manera en que pudiera ensordecer o hundirme en las sábanas, desaparecer. Quise fugarme pensando en el giro de las aspas y que en cada vuelta mi cabeza se fuera un día, dos o más hacia atrás en el tiempo. Te estaba echando tanto de menos; tanto más que hasta se apagó el ventilador.

Joaquín Maldonado Bolaños

Es egresado de la licenciatura en Gestión Cultural y Desarrollo Sustentable por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito cultural y se desenvuelve en las artes escénicas mediante proyectos académicos centrados en el teatro histórico, social y cultural. Es miembro del Colectivo Palabrarte.

Ha sido delegado por el estado de Oaxaca en el Encuentro Nacional de la Voz y la Palabra, convocado por la Secretaría de Cultura federal y el Centro de Estudios para el Uso de la Voz (Ceuvoz), en las ediciones de 2015, 2017 y 2018, celebradas en la Ciudad de México.

Ha escrito y dirigido tres espectáculos multidisciplinarios, dos de los cuales obtuvieron reconocimiento del Conaculta.

Es coautor de Tres escenarios para observar un panal (2016), junto con Jorge Orozco y Josafath Hernández, y ha publicado diversos artículos en medios de circulación estatal y nacional.

En 2018 publicó La voz de la ciudad, obra centrada en las historias de vida del Coro de la Ciudad de Oaxaca. En 2019 dio a conocer Crónicas juglarescas y actualmente prepara Crónicas juglarescas II.

Es columnista en el sitio El Oriente

Joaquín Maldonado Bolaños has 4 posts and counting. See all posts by Joaquín Maldonado Bolaños

Avatar photo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *